
Quedaba poco para el día. Si, ese día que algún comerciante inventó.
Ese en que todos gastan su plata para regalar algo por obligación (aún cuando les guste regalarle algo) a sus madres. Creo que era el primer domingo de mayo, o el segundo, o capaz unos meses después. Nunca fui bueno para las fechas, pero igual no importa, por que la Tv, las radios, los afiches en la calle se encargan de recordártelo, eso sumado a algún volante de crédito que te dan por 18 para que puedas regalarle el último celular de moda a tu mamá, por que ella lo necesita, ya!.
Yo me acorde que en el jardín le hacia unos regalos lindísimos y que le gustaban mucho más que los bombones del año pasado.
Así que ahí me pase toda la tarde del sábado peleando con la yerba (que supo hacer de pasto), las lentejas (que marcaban el camino hacia la casa), la polenta (que brillaba mucho más que el sol últimamente) y los porotasios (que se encargaban del resto de los detalles), para completar una casa pintada con crayolas.
El domingo me levanté temprano, subí las escaleras en puntas de pie y la desperté!, Feliz día mamá!!, ahí entre besos y abrazos le dí mi regalo en la hoja amarillenta de garbanzo. Pero parece que no le gusto por que puso cara seria y me dijo algo así como: "...pero Pablito vos ya tenes 22 años...".
Y yo que pensaba que les gustaba lo que hacía cuando era chico...


